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Asimilar la experiencia
por Teodoro Valentin - 02-Marzo-2017
 
Asimilar la experiencia reciente resulta el mejor camino para acumular vida
sin desperdiciar ningún aliento.

Ese momento de meditación vespertino, cunando se repasan las vivencias cotidianas, es también el espacio donde se considera y se vuelve a opinar sobre cada decisión tomada, sobre cada actitud como respuesta emitida, y también se anhela saber dónde se está catalogado en la consideración ajena, tanto en los diferentes ámbitos como en concordancia con la personalidad que se propuso uno mismo como línea de largada.

Moderar esta información es el horizonte de la capacidad valorativa que se ha alcanzado hasta ese mismo momento, sabiendo que crecer es alejar dicho horizonte paso a paso, sin exigencias externas extras, solo la propia voluntad envuelta en aspiraciones íntimas demarca el ritmo, argumentando que la infinitud siempre se encuentra cerca.

Valorizar la destreza personal en el intento resulta grato como educativo, ya que permite reconocer las aptitudes como las insuficiencias, descubriendo que dentro de estos márgenes se moviliza la personalidad y sus respuestas, sorprendiendo al protagonista en la capacidad potencial que aún no ha desarrollado en su plenitud, permitiendo seleccionar la extensión de la particularidad predilecta, bajo las pautas de una propuesta práctica hasta llegar al refinamiento individual y exclusivo que se encierra en la impronta del paso característico bajo esa circunstancia.

Dominar cada singularidad de la personalidad y sus resoluciones es el verdadero trabajo del individuo racional, revelando determinada acumulación de experiencias que demarca la sensatez en la vida social, así como la seguridad intrínseca sobre cada conclusión emitida como apropiada para el caso presentado, sin dudar ni necesitar terceras consultas. Esta convicción es la base sobre la que se construye una serie de vivencias plenas y conscientes, sin desaprovechar cada acto de la vida en banalidades ni presunciones que solo ofrecen barreras y tapias sociales.

Es posible asentir que la acumulación de experiencias se refleja en la personalidad presencial y sus actos de réplica, donde se expone en todo momento la cultura dominante del sujeto en acción, con sus desvergüenzas y enterezas, sorprendiendo en la espontaneidad del tiempo los cambios auto-realizados, como las réplicas instintivas aún en proceso de crecimiento, logrando así una secuencia lógica de progreso auténtico dentro de un ánimo simple, desintoxicado del humo vanidoso de la posesión material como valor humano.

 
 
 
 
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