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Destruir no es crecer
por Teodoro Valentin - 06-Nov-2012
 
Podrás destruir el presente, pero el pasado solo se acepta y el futuro no está
sometido a tu voluntad.

Si deseas construir un presente a partir de ahora no necesitas destruir el pasado, ni siquiera lo justifiques apelando a la culpa ajena que solo es útil para negar la experiencia. El pasado nos enriquece a cada uno según las posibilidades con que se experimentó en ese momento, considerando que la experiencia anterior a ese punto y la madurez alcanzada acorde a la óptica social que nos ha forjado, se han confabulado para que la respuesta a la acción haya sido la ejecutada. Repasar el ayer desde una postura reflexiva desarrolla la raíz de mejores ensayos vivenciales en el hoy, pero debemos sujetar cierta robustez de voluntad para negar al rencor su ingreso en ese rincón de la pasión que intenta siempre invadir nuestro equilibrio emocional.

Admitir lo ocurrido resulta esencial para sostener la personalidad que hoy nos protege, con el orgullo de haber recorrido el camino necesario para ser conscientes de los valores adquiridos y el desinterés invertido en la escala negativa de nuestra aceptación íntima. Dicha aceptación nos permite continuar en el camino del presente con la ecuanimidad necesaria para resguardar ese imperioso segundo de calma antes de responder con el verbo, generando un clima alrededor nuestro con determinado espesor cada día más amplio, sensible de ser recibido y fácil de aceptar por otros como por nuestra oculta aprobación.

Ingresar en el presente circunstancial es simplemente sembrar semillas de sensatez que fructificarán de acuerdo al néctar con que las alimentemos; pero no es necesario tener en la actualidad el paso siguiente cuando se percibe en el acto que la forma personal brota de la faceta más resplandeciente de nuestro ánimo, el cual se concatena con la voluntad expresa de no generar consecuencias negativas a sabiendas, sino velar en cada articulación verbal por la tranquilidad ajena.

Sondear el futuro no es otra faceta de nuestro temor al presente, anhelamos saber que sucederá cuando el presente es infértil y tomamos el elixir de lo insondable como un escudo seguro y sólido; nos aferramos a cierto conocimiento anticipado para sustentar los posibles errores, sabiendo en lo íntimo de nuestro ser que el futuro se hace con nuestro andar presente y toma desvíos a cada paso que ejecutamos ayer y hoy.

No debemos culpar al pasado para justificar nuestros rencores ni errores, sino a un presente inmaduro, el cual nos conduce por caminos muy sinuosos y cubiertos de sombras. Una de las pautas evidentes de nuestro encono es nunca premiar al pasado cuando el éxito nos abriga con su brillo y calidez, ya que se lo adjudicamos a la precisión de nuestro acierto y a una capacidad oportunista personal de alta recepción y eficiencia, o sea que nos mentimos sin miramientos alternativos.

Retar al azar no resulta propio para nadie que se precie con capacidad deductiva, e incentivar con nuestras actitudes posibles respuestas acertadas es negar la comunicación y la propiedad parlante que nos diferencia de la actitud animal, por ende la senda del diálogo es la mejor aliada que nivela nuestra personalidad con el ánimo en acto.

 
 
 
 
  construir, experimentar, admitir, aprobar, proteger